Aforismo 1.
Al
empezar el texto Nietzsche resume algunos de sus conclusiones sobre el problema
de la moral: no hay hechos morales,
toda moral es una interpretación (o una
malinterpretación), entre otras, de ciertos fenómenos. Es decir, los juicios
morales son ilusorios en la medida que no corresponden a nada real. Pero el moralista
y el religioso lo ignoran, ignoran que sus "verdades" son sólo imaginaciones.
Por tanto, Nietzsche emplaza al filósofo a situarse más allá del bien y del mal, que son los conceptos sobre los que se
construye todo juicio moral, que ahora ha sido calificado de ilusorio.
Por
tanto, no ha de tomarse al pie de la letra ningún juicio moral cuando pretende
referirse a hechos morales (que son calificados como buenos o malos). Pero, por
el contrario, los juicios morales pueden ser considerados como signos y síntomas, que revelan las realidades
interiores de las culturas o individuos que los sostienen, desconocidas para
ellos mismos. Sólo un entendido (un semiólogo de la moral, que Nietzsche reconoce ser)
puede descifrar el sentido final de esos signos y síntomas, y precisar al tipo de persona que los produce.
Nietzsche experimenta con la idea de aprovechar ese conocimiento semiológico para conseguir otros tipos morales.

